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CONFERENCIA PÚBLICA CIEF-CHILE

 

 

¿EN QUÉ NOS CONCIERNE LA REFORMA PROTESTANTE?

 

 

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Somos una confederación, una unión libre, voluntaria, de iglesias y personas evangélicas fundamentalistas del país, con el firme propósito de LUCHAR POR LA DEFENSA Y CONFIRMACIÓN DEL EVANGELIO (Filip. 1:7). Esta lucha consiste en dar a conocer y defender las enseñanzas bíblicas fundamentales. Esta unión no afecta a la organización interna de dada Corporación o Misión afiliada. Está siempre abierta a recibir nuevas congregaciones, grupos de creyentes, iglesias particulares y personas.

Las iglesias afiliadas a la fecha son:


                        - Iglesia Evangélica Aliancista
                        - Iglesia Metodista Independiente
                        - Iglesia Presbiteriana Fundamentalista Bíblica.

 

Las Ramas o Departamentos de la CIEF son:


                        - AFFAL-Chile (Asociación Femenina Fundamentalista de América Latina, Chile).
                        - CJEF               (Confederación de Jóvenes Evangélicos Fundamentalistas)

 

La CIEF está afiliada a su vez, a la ALADIC (Alianza Latino Americana De Iglesias Cristianas) y por su intermedio, al C.I.I.C  (Concilio Internacional de Iglesias Cristianas).


Las enseñanzas bíblicas fundamentales mencionadas anteriormente, y que cada creyente debe conocer y defender son:

 La deidad de Jesucristo

 La inspiración plenaria y verbal de la Biblia. 

 La salvación por gracia, por medio de la fe.

 Su muerte expiatoria. 

 La unidad espiritual de los redimidos en Cristo

 La santísima trinidad 

 Su segunda venida 

 La separación de la iglesia y el mundo

 La existencia del cielo y del infierno

 Su nacimiento virginal.

 El Credo Apostólico

 

 

                                        
La característica de las iglesias y personas afiliadas a la CIEF es la de ser FUNDAMENTALISTAS. Esto significa que obedecemos a la orden del Señor, que en su Palabra nos exhorta a :


                                      a)     Evangelizar (Mat 28:19, 1ª de Pedro 2:9, etc).
                                      b)     Edificar (Deut 11:18-20; Ef 2:20-22; 1ª de Pedro 2:1-5, etc.).
                                      c)     Defender la fe (Jud 3; Filip 1:27; 1ª a Tim. 1:18-20; Is 59:19; Esd 4:1-3; Neh 4:1-4)

 

Es muy importante recalcar que Dios nos ordena Evangelizar, Edificar y Defender la fe. Las tres responsabilidades van siempre juntas, son igualmente importantes. Pero podemos observar que es tanta la importancia que Dios da a la defensa de la fe, que abundan las enseñanzas al respecto, en toda la Biblia; es más, la defensa de la fe está más enseñada en la Biblia que la propia evangelización.

Ser Fundamentalista es ser simplemente cristiano; el mal uso del término “cristiano” ha ido obligando a los creyentes a adoptar nuevos nombres, para poder diferenciarse: “Protestante”, “Evangélico”, “Conservador”, “Fundamentalista”, probablemente,  tengamos que buscar otro, pues también se hacen llamar “Fundamentalistas” los musulmanes shiitas y algunos se confunden cuando nos preguntan el nombre.

Al hablar de lucha por la defensa de la fe, no debemos dejar de mencionar que las armas que el Señor nos da son armas espirituales y están mencionadas con precisión en Zac 4:6, Ef 6:11-18, entre otros pasajes.

También es conveniente recordar los dos aspectos de esta lucha “por la Palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo”:


a)  Por una parte, una actitud pasiva, que significa separación de toda apostasía y b)  Por otra parte, una actitud muy activa, que implica : Contender con eficacia, denunciar a los obreros fraudulentos y falsos apóstoles del Señor, defender la sana doctrina, avisar a los engañados y desinformados, para que se aparten de las iglesias y movimientos apóstatas. Implica también orar fervientemente por la obra que se realiza y por los obreros que ejecutan el mandato del Señor, para que las metas propuestas sean una realidad; y también implica contribuir financieramente para que se pueda efectuar la batalla y tengamos éxito, para gloria del Señor.

Tratándose de una lucha encarnizada, a muerte, sin cuartel, entre defensores de la palabra de Dios y empecinados apóstatas y detractores de ella, no queda lugar para tibios, indecisos, cobardes, flojos o cansados.

Este es el momento propicio para enfatizar el urgente llamado de Dios a todos los fieles en Cristo a tomar una posición clara y definida en relación con la palabra de Dios y los principios de nuestra fe cristiana histórica; la trompeta que da sonido incierto no sirve, es abominable ante nuestro capitán.

Es triste seguir escuchando frases como: “yo soy de tal iglesia y eso me basta”, “en mi iglesia tengo mucho trabajo o no me dejan participar en otras cosas que no sea en ella”, “debemos preocuparnos de evangelizar mas y pelear menos”, “la Biblia se defiende sola”, “los ecuménicos no son tan malos”, “los marxistas, tampoco”, “debemos ser mas tolerantes”, “todas las enseñanzas religiosas tienen algo de verdad”, “en la CIEF, están todos los cargos ocupados”, “no entiendo lo que allí se trata”,entre otros argumentos. No son razones, sino excusas inútiles que el Señor juzgará a su tiempo.

El movimiento ecuménico, mal interpretando Juan 17, “para que todos sean una cosa”, nos hace la dura crítica de ser nosotros culpables de las divisiones que imperan en la iglesia, pues para ellos el peor pecado es la división denominacional (dado que buscan una unidad orgánica, visible, que les dé gran poder terrenal; por eso su modelo ideal es su santa madre iglesia católica apostólica romana).

En un principio, el ecumenismo era un tibio llamado a unir evangélicos fieles con ex evangélicos, apóstatas de la fe; luego, cautelosamente fueron acercándose al clero católico, en busca de prebendas y reconocimientos siendo rápidamente cazados por la gran Babilonia la cual tomó la iniciativa y empezó a dar el rumbo al ecumenismo, propiciando el acercamiento a las religiones mas afines (anglicana y ortodoxa, entre otras) y sin pensarlo mucho están ya participando en un mismo culto de adoración al diablo con todas las religiones del mundo que se quieran someter a la autoridad del papa.

La CIEF reconoce que entre los verdaderos creyentes hay divisiones denominacionales  y de otro tipo, que no debieran existir, pero que son el resultado lamentable e inevitable de la limitación y falibilidad humana.
La posición bíblica al respecto es de absoluta unidad de fe y pensamiento en las doctrinas fundamentales y,  a la vez, completa tolerancia en aspectos secundarios.